{"id":2354,"date":"2025-06-30T00:03:56","date_gmt":"2025-06-30T00:03:56","guid":{"rendered":"https:\/\/santiagonoticias.com\/?p=2354"},"modified":"2025-06-30T00:03:56","modified_gmt":"2025-06-30T00:03:56","slug":"era-el-ano-noventa-y-cuatro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/santiagonoticias.com\/?p=2354","title":{"rendered":"Era el a\u00f1o noventa y cuatro"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p data-parapraph=\"0\">Por <strong>Mauricio Redol\u00e9s<\/strong><\/p>\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"413\" height=\"413\" alt=\"\" class=\"wp-image-1089731\" src=\"width:185px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.elciudadano.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/mauricio-redoles-edited.jpg 413w, https:\/\/www.elciudadano.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/mauricio-redoles-edited-120x120.jpg 120w, https:\/\/www.elciudadano.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/mauricio-redoles-edited-240x240.jpg 240w, https:\/\/www.elciudadano.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/mauricio-redoles-edited-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 413px) 100vw, 413px\"\/><\/figure>\n<\/div>\n<p data-parapraph=\"1\">Son las tres de la ma\u00f1ana con doce minutos y hace dos grados de temperatura en este fr\u00edo <strong>Santiago de Chile<\/strong> y estoy pensando en Daniela. La tele encendida sorda e indiferente en la habitaci\u00f3n contigua da noticias de grandes cr\u00edmenes y fant\u00e1sticos goles y yo estoy pensando en Daniela. Llevo dos d\u00edas pensando en Daniela. Desde el momento en que <strong>Kharito <\/strong>entr\u00f3 al dormitorio cuando yo despertaba y me dijo: Hay una mala noticia, muri\u00f3 <strong>Daniela Pizarro<\/strong>.<\/p>\n<p data-parapraph=\"2\">Y nuevamente la veo junto a m\u00ed, en una micro por <strong>Merced <\/strong>rumbo el centro. Muy ordenada, muy despierta, sentada junto a m\u00ed. Me hablaba de su mundo. Era el a\u00f1o noventa y cuatro. Daniela ten\u00eda doce a\u00f1os, yo ten\u00eda cuarenta y uno. Ambos \u00e9ramos poetas. S\u00ed, eso \u00e9ramos. Poetas. Esa era toda nuestra certeza. Eso era lo \u00fanico que sab\u00edamos.<\/p>\n<p data-parapraph=\"3\">Todo hab\u00eda comenzado cuando un d\u00eda su pap\u00e1 me dijo: -Quiero que lleves a Daniela a tu taller de poes\u00eda que est\u00e1s haciendo en el <strong>Brit\u00e1nico<\/strong>. -No, no, no Marcelo -le respond\u00ed bastante azorado- no puedo, es un taller para adultos, ella es una ni\u00f1a. Marcelo con su vozarr\u00f3n de oso que no acepta negativas me dijo sonriendo -Oye, no te estoy preguntando si quieres o no llevar a Daniela a tu taller de poes\u00eda, te estoy diciendo que la lleves. Te voy a pagar lo que cobren en el Brit\u00e1nico, no te estoy pidiendo que la lleves gratis. -Pero Marcelo -lo interrump\u00ed- el taller es en la tarde y termina de noche en el centro de Santiago. -Bueno- me dijo Marcelo, con la soluci\u00f3n que sac\u00f3 de la manga como por arte de magia- T\u00fa la pasas a buscar todos los martes de taller, y cuando \u00e9ste termine, la traes de vuelta a casa sana y salva. Luego agreg\u00f3 -Ya poh no sea\u00ed pesado, s\u00ed, es cierto que es solo una ni\u00f1a, pero ella es bastante madura para su edad y escribe mucho, le va a hacer bien ir a tu taller \u00a1Ya poh! \u00a1No te haga\u00ed de rogar! Durante un a\u00f1o estuve pasando a buscarla y dejarla al departamento de <strong>Catedral<\/strong>. Nunca m\u00e1s llegu\u00e9 atrasado al taller, ni tampoco pude irme de carrete al \u201c<strong>Siete, Siete, Siete<\/strong>\u201d, al \u201c<strong>Jaque Mate<\/strong>\u201d, al \u201c<strong>Derby<\/strong>\u201d o a otros bares de la <strong>Alameda<\/strong>.<\/p>\n<p data-parapraph=\"4\">Por eso \u00edbamos en esa micro por Merced rumbo al centro, como les contaba reci\u00e9n. Tal como me hab\u00eda dicho Marcelo, Daniela era bastante madura para sus doce a\u00f1os. Y me hablaba. Mucho. De todo. De sus sue\u00f1os. Y tambi\u00e9n de sus pesadillas. Una era que sus padres se separaran. Un d\u00eda me cont\u00f3 que los hab\u00eda amenazado con suicidarse si ellos se separaban. No se hab\u00edan separado, y por eso ella iba junto a m\u00ed en esa micro.<\/p>\n<p data-parapraph=\"5\">Se me agolpan muchas Danielas. Me vino una hemorragia incontenible de Danielas, cuando supe de su partida. A sus seis a\u00f1itos colgando del cuello del \u201cNegro\u201d <strong>Wladimir <\/strong>en el verano del ochenta y ocho en la <strong>Feria del Libro<\/strong>, cuando \u00e9sta se hac\u00eda en el <strong>Forestal<\/strong>, o a principio de los noventas a sus nueve a\u00f1os, en mi casa, hay otra Daniela junto a su hermanita <strong>Tayra<\/strong> cuidando a mi hijo <strong>Sebasti\u00e1n<\/strong>, mientras que, con su mam\u00e1 -la irrepetible <strong>Tamara Dur\u00e1n<\/strong>\u2013 convers\u00e1bamos con el m\u00fasico montevideano <strong>Elbio Rodr\u00edguez Barilari<\/strong> y <strong>Juanito Alfaro<\/strong> (luego de su \u201ccanazo\u201d en <strong>Copiap\u00f3<\/strong>), en el <em>living <\/em>de <strong>Cueto <\/strong><em>Road<\/em>. Despu\u00e9s aparece otra Daniela, a sus doce a\u00f1os, luego de una jornada en el taller del Brit\u00e1nico, dici\u00e9ndome: -Tengo plata, lo invito a un completo. Fuimos a un local que luego se llamar\u00eda \u201c<strong>La Pic\u00e1 del Clinton<\/strong>\u201d (ya que a esa Fuente de Soda pasar\u00eda a\u00f1os despu\u00e9s el Presidente de <strong>Estados Unidos, Bill Clinton<\/strong>, \u201ca servirse una cosita\u201d sali\u00e9ndose del protocolo de su visita de Estado). Me vuelvo a encontrar con Daniela el noventa y ocho. Cuando grab\u00e9 en mi casa el disco \u201cBailables de Cueto Road\u201d, tambi\u00e9n grab\u00e9 a algunas y algunos poetas del barrio. La invit\u00e9, ella lleg\u00f3 puntual, a sus diecis\u00e9is a\u00f1os. Hab\u00eda estado en <strong>Par\u00eds<\/strong>. En el poema que grab\u00f3 para el disco nos habla del Barrio <strong>Yungay<\/strong>, de la Avenida <strong>Ricardo Cumming<\/strong> como un sector \u201cafrancesado\u201d. Daniela nos hac\u00eda mirar m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p data-parapraph=\"6\">Pas\u00e9 varios a\u00f1os sin verla, (\u00bfcuatro? \u00bfseis? \u00bfquiz\u00e1s m\u00e1s?), y un d\u00eda la encontr\u00e9 en el departamento de su padre, Marcelo. Yo me iba y hab\u00eda una dificultad con la cerradura de la puerta de la calle, tanto para abrir como para cerrar. Ella se ofreci\u00f3 para acompa\u00f1arme y abrirme y cerrarme la puerta del primer piso. Bajamos los tres pisos en la penumbra. Ya no era una ni\u00f1a, ni tampoco una adolescente. Era una mujer. Una bella mujer. Pero para m\u00ed, a\u00fan \u00edbamos por Merced en esa micro rumbo al Brit\u00e1nico. Y el tr\u00e1nsito era lento. Eso a ella la impacientaba.<\/p>\n<p data-parapraph=\"7\">Por <strong>Mauricio Redol\u00e9s<\/strong><\/p>\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n<h4 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-sigue-leyendo\"><em><strong>Sigue leyendo:<\/strong><\/em><\/h4>\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-el-ciudadano wp-block-embed-el-ciudadano\"\/>\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n<p data-parapraph=\"8\">Si deseas publicar tus columnas en\u00a0<strong><em>El Ciudadano<\/em><\/strong>, env\u00edalas a:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.elciudadano.com\/cdn-cgi\/l\/email-protection\" class=\"__cf_email__\" data-cfemail=\"0566766a716a68647c6a77456069666c70616461646b6a2b6669\">[email\u00a0protected]<\/a><\/p>\n<\/div>\n<p><script async defer crossorigin=\"anonymous\" src=\"https:\/\/connect.facebook.net\/en_US\/sdk.js#xfbml=1&#038;version=v14.0&#038;appId=91647977268&#038;autoLogAppEvents=1\" nonce=\"oICed85h\" type=\"ccd16e506932dda5985b60c9-text\/javascript\"><\/script><br \/>\n<br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mauricio Redol\u00e9s Son las tres de la ma\u00f1ana con doce minutos y hace dos grados de temperatura en este fr\u00edo Santiago de Chile y estoy pensando en Daniela. 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