{"id":4633,"date":"2025-12-08T23:37:25","date_gmt":"2025-12-08T23:37:25","guid":{"rendered":"https:\/\/santiagonoticias.com\/?p=4633"},"modified":"2025-12-08T23:37:25","modified_gmt":"2025-12-08T23:37:25","slug":"el-ultimo-llamado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/santiagonoticias.com\/?p=4633","title":{"rendered":"El \u00faltimo llamado"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p data-parapraph=\"0\">Por <strong>Renato Garrido<\/strong><\/p>\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"448\" height=\"549\" alt=\"\" class=\"wp-image-1138029\" src=\"width:166px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.elciudadano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Renato-Garrido.jpg 448w, https:\/\/www.elciudadano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Renato-Garrido-392x480.jpg 392w, https:\/\/www.elciudadano.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Renato-Garrido-196x240.jpg 196w\" sizes=\"auto, (max-width: 448px) 100vw, 448px\"\/><\/figure>\n<\/div>\n<p data-parapraph=\"1\">Era diciembre de 1973. Son\u00f3 el tel\u00e9fono, muy fuerte. Hac\u00eda muchos d\u00edas que no sonaba, desde que te detuvieron los milicos, \u00bfte acuerdas, pap\u00e1? Claro que lo recuerdas, fue en octubre. Te llevaron al <strong>Regimiento de Telecomunicaciones<\/strong>, le dec\u00edan el Tele, a tres cuadras de nuestra casa en <strong>Iquique<\/strong>.<\/p>\n<p data-parapraph=\"2\">\u2013 Hijo, feliz cumplea\u00f1os- le dijo su padre. Esta llamada ser\u00e1 breve, estoy en la fila de prisioneros, subiendo a unos camiones. Nos llevan a <strong>Pisagua<\/strong>. Un soldado me prest\u00f3 el tel\u00e9fono para despedirme. Recuerda que eres el hombre de la casa, hijo, debes ser fuerte y continuar estudiando hasta ser un profesional, colabora y se obediente con la mam\u00e1, apoyador y respetuoso con la hermana. Te amo, hijito.<\/p>\n<p data-parapraph=\"3\"><strong>Nicol\u00e1s <\/strong>no alcanz\u00f3 a decir m\u00e1s que \u00abte quiero, papito, y te prometo que lo har\u00e9\u201d.<\/p>\n<p data-parapraph=\"4\">\u2013 Dame con la <strong>Javiera <\/strong>y luego con tu mam\u00e1 \u2013 le dijo su padre.<\/p>\n<p data-parapraph=\"5\">La hermana, en medio de la conversaci\u00f3n comenz\u00f3 a llorar. La madre, <strong>Lola Javiera<\/strong>, lanz\u00f3 el llanto despu\u00e9s de colgar. Los tres se quedaron sentados en largo silencio. Pisagua ser\u00eda el destino de la muerte.<\/p>\n<p data-parapraph=\"6\"><strong>Pepe <\/strong>se dirigi\u00f3 a su mujer y le advirti\u00f3 que Nicol\u00e1s deb\u00eda salir de la ciudad urgentemente. Ya se sab\u00eda que era pr\u00e1ctica frecuente que los ni\u00f1os fuesen testigos de las torturas de sus familiares de modo de extorsionar a los detenidos con el fin de sacarles informaci\u00f3n.<\/p>\n<p data-parapraph=\"7\">Pap\u00e1, ibas al Tele a jugar f\u00fatbol con tu equipo del hospital. Hab\u00edas conseguido, como presidente de su sindicato, un convenio entre \u00e9ste y el Tele que les permit\u00eda usar esa cancha, alejada de las instalaciones militares. Desde mis diez a\u00f1os, ya aceptaban que yo jugara con los adultos. Era un lugar muy especial: la cancha de asfalto estaba en medio de un peque\u00f1o bosque conformado por al menos la mitad de todos los \u00e1rboles que hab\u00eda en Iquique.<\/p>\n<p data-parapraph=\"8\">Ocasionalmente yo llegaba m\u00e1s tarde, despu\u00e9s que terminaba de hacer mis tareas de la escuela y deberes en la casa. Algunas veces, antes me desviaba y pasaba a saludar al t\u00edo <strong>Manu<\/strong>. En cosa de d\u00edas, la cancha se hab\u00eda convertido en un centro de torturas y mi padre de alegre deportista pas\u00f3 a ser un prisionero pol\u00edtico.<\/p>\n<p data-parapraph=\"9\">El y t\u00fa se hab\u00edan criado juntos, sus madres se alternaban en cuidar a los ni\u00f1os mientras la otra sal\u00eda a trabajar. Posteriormente, desde haber trabajado como ni\u00f1os pasa pelotas en el Club de Tenis <strong>Chile <\/strong>en Iquique, se hab\u00edan convertido en los mejores tenistas de la ciudad y de la zona norte del pa\u00eds. Cuando lleg\u00f3 el momento de trabajar, te ofrecieron un cargo en el hospital y a mi t\u00edo Manu una carrera de sub oficial del <strong>Ej\u00e9rcito <\/strong>cuando termin\u00f3 el servicio militar. Al nacer sus hijas mayores, se hicieron compadres. Con su hijo <strong>Mikel<\/strong>, mi gran amigo, tenemos conciencia de nuestra amistad desde los cinco a\u00f1os. Con \u00e9l recorrimos los rincones del desierto, sus cavernas, los atajos secretos, los cementerios de la pampa, las bodegas del salitre, las profundidades del mar. Nuestros padres dec\u00edan que hab\u00edamos crecido como hermanos de leche. Nuestras familias veraneaban juntas en un campamento de carpas que instal\u00e1bamos en la playa de <strong>Quinteros<\/strong>, comunicada con Iquique a trav\u00e9s de 50 kil\u00f3metros de huella de tierra y ripio. Ustedes nos enviaban a borrar las huellas de neum\u00e1ticos hasta el acceso desde el camino principal para que nadie supiera c\u00f3mo entrar. Como era f\u00e1cil perderse, deb\u00edamos dejar las se\u00f1alizaciones para la salida y el regreso. Era un trabajo al que deb\u00edamos dedicar al menos un par de d\u00edas. La micro zona era virtuosa, el desierto multicolor bajaba desde los cerros de la <strong>Cordillera de la Costa<\/strong> para disolverse en una extensa planicie que se fund\u00eda con las rocas y el mar. Quinteros fue testigo de mis primeras experiencias sociales, mis primeras metidas de pata. All\u00ed di mi primer beso, pesqu\u00e9 mi primera cabinza y luego cac\u00e9 con arp\u00f3n mi primera jerguilla. Nunca faltaron las sabrosas cabinzas, los leales jureles, los rudos locos, las tiernas lapas, los vitales erizos, las entretenidas almejas, los juguetones choritos y otras especies que eran nuestro sustento natural en el periodo de vacaciones. La playa fue descubierta por el t\u00edo Mikel y un colega pescador. \u00c9ramos cuatro familias y al menos doce ni\u00f1as y ni\u00f1os que compart\u00edamos desde diciembre hasta fines de febrero. El t\u00edo Mikel, hermano del t\u00edo Manu, era un locuaz y extrovertido socialista. Fue detenido poco despu\u00e9s de mi padre y llevado al Tele. En ese per\u00edodo el t\u00edo Manu estaba destinado al batall\u00f3n log\u00edstico, ambos regimientos estaban comunicados por dentro.<\/p>\n<p data-parapraph=\"10\">En julio de ese a\u00f1o Nicol\u00e1s hab\u00eda decidido ingresar a las <strong>Juventudes Comunistas<\/strong>. Eran los primeros pasos: se trataba de un gran desaf\u00edo conocer nuevas personas, aprender m\u00e1s en profundidad el significado de los cambios sociales que persegu\u00eda el presidente <strong>Allende <\/strong>y conocer c\u00f3mo se trabajaba colectivamente en pol\u00edtica. Fueron dos meses muy importantes que le abrieron horizontes, y vivi\u00f3 la notable experiencia de compartir y discutir con otros j\u00f3venes idealistas y sencillos. Lo que m\u00e1s deseaba Nicol\u00e1s era la fecha programada para celebrar la incorporaci\u00f3n de los nuevos j\u00f3venes comunistas de Iquique y recibir el apreciado carnet de la juventud. De pronto tom\u00f3 conciencia de que, en cosa de d\u00edas, de haber sido un joven alegre y orgulloso, por un decreto militar, se hab\u00eda convertido en un enemigo de la patria.<\/p>\n<p data-parapraph=\"11\">Las noticias de detenciones y muertes se propagaban por la ciudad a trav\u00e9s de bandos, informativos militares y por el correo de las brujas. En numerosos comunicados se daban a conocer los nombres de personas buscadas y se solicitaba insistentemente que quienes conocieran a cualquier marxista o partidario de Allende y no lo informaran en los cuarteles o comisar\u00edas corr\u00edan el riesgo de ser detenidos. Firmaba estos bandos el entonces comandante de la <strong>VI Divisi\u00f3n del Ej\u00e9rcito<\/strong>, <a href=\"https:\/\/memoriaviva.com\/criminales\/forestier-haengsen-carlos\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Carlos Forestier Haensgen<\/a>.<\/p>\n<p data-parapraph=\"12\">Supon\u00edamos que mi padre fue detenido por ser presidente del sindicato de trabajadores de la salud.<\/p>\n<p data-parapraph=\"13\">-No tengo por qu\u00e9 esconderme -nos dec\u00eda- ante la posibilidad de que esto ocurriera. No soy ning\u00fan delincuente, no he hecho nada ilegal.<\/p>\n<p data-parapraph=\"14\">Ya hab\u00eda pasado m\u00e1s de un mes desde el Golpe de Estado.<\/p>\n<p data-parapraph=\"15\">La incesante proliferaci\u00f3n de informativos por todas las radioemisoras lograba infundir miedo y una sensaci\u00f3n de vulnerabilidad ante el riesgo de ser detenido. Se dec\u00eda que las comunicaciones telef\u00f3nicas estaban intervenidas. El fin era desarticular todas las redes pol\u00edticas, de amistades y hasta familiares, recurridas por los simpatizantes allendistas que buscaban amparo.<\/p>\n<p data-parapraph=\"16\">En mi casa disminuyeron las llamadas telef\u00f3nicas entrantes, hasta casi desaparecer. Yo ten\u00eda 15 a\u00f1os y Javiera, 17. Los dos con mi madre, Lola Javiera, constatamos que algunas personas fing\u00edan no reconocernos. Era comprensible que algunos allendistas, pol\u00edticamente comprometidos, congelaran sus reuniones y se aislaran para protegerse y proteger a la organizaci\u00f3n. Nos resultaba muy doloroso que vecinos, compa\u00f1eros de trabajo y otras personas cercanas nos quitaran la mirada. La mayor\u00eda de nuestros familiares dejaron de visitarnos. Al poco tiempo nos dimos cuenta de que el cerco de nuestras redes de apoyo se iba achicando. Pero as\u00ed tambi\u00e9n hubo personas generosas que, de diferentes formas, se atrevieron a expresarnos su solidaridad. Se vienen a mi mente dos nombres: mi padrino, tu hermano, y mi abuelo, tu padre. Por ellos sentir\u00e9 gratitud y admiraci\u00f3n por siempre.<\/p>\n<p data-parapraph=\"17\">Mi padrino era un hombre macizo, de rostro rosado, amable, de sonrisa discreta. Era hijo del primer matrimonio de mi abuela con un marino franc\u00e9s que, enamorado, ech\u00f3 ra\u00edces al norte de Chile. Los hermanos eran muy inteligentes, de mirada franca, de bondad ilimitada, arduos trabajadores, alegres, silenciosos. Mi padrino viv\u00eda en el centro de Iquique, trabajaba en la caleta de pescadores, ten\u00eda su bote a motor llamado \u201cSoy como Soy\u201d. En ciertos d\u00edas sal\u00eda de madrugada y volv\u00eda al atardecer despu\u00e9s de uno, dos o tres d\u00edas con su pesca para venderla a los comerciantes. No ten\u00eda d\u00eda espec\u00edfico para visitarnos, pero de solo verlo aparecer en casa, se iluminaban nuestros rostros. Nos sent\u00edamos acompa\u00f1ados, nos llevaba pescado, en ese per\u00edodo dif\u00edcil. Cierro los ojos y huelo el olor a pescado frito. Con mi padre prisionero la merma econ\u00f3mica era significativa para la econom\u00eda de la casa.<\/p>\n<p data-parapraph=\"18\">Despu\u00e9s de mucho tiempo \u2013ten\u00eda 26 o 27 a\u00f1os\u2013 volv\u00ed a Iquique brevemente desde <strong>Santiago<\/strong>. Una tarde pas\u00e9 a buscar a mi primo <strong>Federico <\/strong>para visitar de sorpresa a mi padrino. \u201c\u00a1Llegaron a tiempo!\u201d, exclam\u00f3 con alegr\u00eda. \u201c\u00a1<strong>Tila<\/strong>, tenemos invitados!\u201d, le dijo a su mujer, una morena quechua, delgada, de sonrisa franca y virtuosa en la cocina. Nos llev\u00f3 a la mesa en una galer\u00eda abierta, construida en el patio con el fog\u00f3n a gas para fre\u00edr pescado de modo de no contaminar el interior de la casa. El t\u00edo fue por el vino tinto y nos pusimos a averiguar qu\u00e9 hab\u00eda sido de cada uno. De alguna manera, intent\u00e1bamos retomar una despedida que no hab\u00eda sido posible. La t\u00eda Tila iba poniendo una pila interminable de presas de pescado frito en una olla al centro de la mesa. Acompa\u00f1amos el banquete con pan y vino.<\/p>\n<p data-parapraph=\"19\">Mi abuelo fue el primero en aparecer por la casa despu\u00e9s de la detenci\u00f3n de Pepe, ese s\u00e1bado por la tarde. Hab\u00eda conocido a mi abuela ya viuda con cuatro hijos, en <strong>Caleta Buena<\/strong>. El flechazo se transform\u00f3 en una apasionada historia de amor. Tuvieron tres hijos: Pepe, mi padre, era el mayor. Desde joven se uni\u00f3 a los movimientos obreros del salitre y militaba en el <strong>Partido Socialista<\/strong>. La relaci\u00f3n con mi abuela dur\u00f3 poco, ella se separ\u00f3 de \u00e9l un d\u00eda y para siempre. Nunca me dijo la causa y \u00e9l tampoco. Solo s\u00e9 que ella no quiso hablarle m\u00e1s. Cada cierto tiempo, siendo yo ni\u00f1o, acompa\u00f1aba a mi padre a visitar al abuelo a la pensi\u00f3n donde viv\u00eda y era bien tratado y querido. Desde hac\u00eda muchos a\u00f1os ya se hab\u00eda instalado a trabajar en la <strong>Caleta Riquelme<\/strong>, tejiendo y reparando redes de pesca. Sus colegas lo conoc\u00edan como un socialista parsimonioso, elegante y de buen trato. Llegaba a nuestra casa despu\u00e9s de almuerzo y tra\u00eda un paquete con una cajetilla de cigarrillos, un jab\u00f3n s\u00f3lido, pasta dental, una toalla peque\u00f1a, un caramelo, algunos billetes. Part\u00eda siempre ahogando un sollozo. Sufri\u00f3 mucho con la detenci\u00f3n de su hijo. Nosotros tom\u00e1bamos las cosas que tra\u00eda el abuelo, le agreg\u00e1bamos lo indicado por mi madre, nuestras cartas, y emprend\u00edamos la romer\u00eda diaria subiendo por calle <strong>Thompson<\/strong>, uni\u00e9ndonos a otras mujeres y ni\u00f1os que caminaban en silencio con el mismo af\u00e1n. Hab\u00eda que estar all\u00e1 a las cinco y media de la tarde. Nunca pudimos comprobar que nuestros regalos llegaron a manos tuyas.<\/p>\n<p data-parapraph=\"20\">Con el paso de los d\u00edas, el abuelo adopt\u00f3 la rutina de visitar semanalmente a sus dos hijas. Deambulaba por la caleta y recorr\u00eda Iquique, una ciudad ahora habitada por el dolor, sin bohemia, sin encanto. Los rostros de los pescadores y caleteros mostraban varias l\u00edneas profundas cerca de la comisura de los labios. Reconoc\u00ed un nuevo rasgo: la boca en arco de tristeza. La atm\u00f3sfera sombr\u00eda se extend\u00eda a los clubes deportivos, los profesores y estudiantes, los hospitales, las industrias pesqueras, los barrios y familias.<\/p>\n<p data-parapraph=\"21\">Mi abuelo camin\u00f3 sin tregua, a la espera que en alguna esquina apareciera Pepe. Gast\u00f3 varios cambios de suela y taco. El lunes 17 de septiembre de 1974 ya llevaba once meses a la espera que le devolvieran a su hijo. Por la calle <strong>Juan Mart\u00ednez<\/strong>, cerca de la <strong>Escuela Centenario<\/strong>, se desplom\u00f3 por un paro cardiaco. Lo vieron caer en la vereda. Algunos lo rodearon, durante minutos acariciaron su rostro.<\/p>\n<p data-parapraph=\"22\">Casi al final de octubre de 1973 los curas me expulsaron del <strong>Colegio Don Bosco<\/strong> por mis ideas pol\u00edticas y por pertenecer a una familia partidaria de la <strong>Unidad Popular<\/strong>. Felices con la dictadura, reci\u00e9n instalada, no solo delataron a profesores de izquierda sino tambi\u00e9n ocultaron el horroroso asesinato de mi profesor jefe, el sacerdote <a href=\"https:\/\/cctt.cl\/2022\/03\/24\/iquique-gerardo-poblete-el-cura-asesinado-en-iquique-en-1973\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Gerardo Poblete<\/a>. Para colmo, realizaron una operaci\u00f3n limpieza de sus estudiantes disc\u00edpulos, entre los que yo estaba.<\/p>\n<p data-parapraph=\"23\">Mi madre, mi hermana y yo inauguramos un rito diario, a las seis y media de la tarde. Nos sent\u00e1bamos a leer el <em>Salmo 21<\/em> de la <em>Biblia<\/em>. Hab\u00edamos acordado entre los familiares de detenidos en la fila de espera, afuera del regimiento, que todos a la vez en sus hogares, a esa misma hora, ley\u00e9ramos este salmo para unir las oraciones por la vida de nuestros seres queridos. Era una forma de expresar nuestro dolor, una pausa en el d\u00eda, en medio de los tr\u00e1mites que hac\u00edamos para solicitar la libertad de los detenidos.<\/p>\n<p data-parapraph=\"24\">En esas primeras dos o tres semanas, al final del crep\u00fasculo, ocurri\u00f3 algo especial en el techo de la casa. Arriba del comedor se escuch\u00f3 un ruido como si alguien estuviese all\u00ed, pero tan pronto como llegaba el ruido se iba. Lo extra\u00f1o era que ya nos hab\u00edamos acostumbrado a \u00e9l. A\u00fan recuerdo la ocasi\u00f3n, en que despu\u00e9s de guardar silencio por algunos minutos, antes de iniciar nuestra oraci\u00f3n, nos miramos sorprendidos. No escuchamos ning\u00fan ruido, tampoco en los d\u00edas siguientes. Treinta o cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s mi madre nos cont\u00f3 que una ma\u00f1ana temprano antes de irse al trabajo, volviendo del ba\u00f1o, que estaba ubicado al final del patio, se asust\u00f3 al ver a un hombre con camisa blanca, guarecido en el entretecho, agachado. En un momento se levant\u00f3. Ella, al ver su rostro asustado, simul\u00f3 no haberlo visto. Pero desde ese d\u00eda, dej\u00f3 despu\u00e9s de muchos crep\u00fasculos, en un espacio de ese alero del techo, un plato con comida y la cuchara al costado. En las ma\u00f1anas siguientes encontrar\u00eda el plato vac\u00edo, con la cuchara encima. Nos dijo que, d\u00edas antes de que este ruido cesara, adem\u00e1s de la comida, le hab\u00eda dejado una muda de cambio en una bolsa. Despu\u00e9s de todo este tiempo, nos aclar\u00f3 la intriga. Dejamos de sentir ese ruido en el techo cuando el plato apareci\u00f3 con comida, la cuchara al costado y una camisa blanca enrollada con manchas de sangre.<\/p>\n<p data-parapraph=\"25\">Despu\u00e9s de casi 50 a\u00f1os visitamos nuestro barrio con mi hermana. La calzada ahora estaba pavimentada, las fachadas de las casas luc\u00edan con pintura nueva y amplios ventanales. El gran almac\u00e9n de la cuadra hab\u00eda cerrado definitivamente. Pero la amasander\u00eda de tres casas m\u00e1s abajo segu\u00eda abierta. Nos acercamos con curiosidad.<\/p>\n<p data-parapraph=\"26\">\u2013 \u00a1Hola! \u2013 gritamos.<\/p>\n<p data-parapraph=\"27\">Desde adentro sali\u00f3 un se\u00f1or de nuestra edad que no nos respondi\u00f3. Nos mir\u00f3 por algunos segundos con detenci\u00f3n. Luego dijo nuestros nombres y se puso a llorar. Era <strong>Juan<\/strong>, que nunca hab\u00eda jugado con nosotros porque era dos o tres a\u00f1os mayor. Desde su adolescencia hab\u00eda trabajado con su padre, madre y hermanas en la amasander\u00eda. Nos dijo casi en un susurro, que lamentaba lo ocurrido a nuestra familia y que \u00e9l hab\u00eda sido testigo silencioso de nuestra huida del barrio. Con el pasar de los a\u00f1os se hab\u00eda ido enterando de nuestras vidas. \u201cQuise mucho a Pepito\u201d, balbuce\u00f3. \u201cSab\u00edamos que no pod\u00edamos acercarnos a ustedes, pero supimos de sus necesidades econ\u00f3micas. Mis padres decidieron que saldr\u00edan cada madrugada, con la primera horneada, a dejar en el antejard\u00edn de la casa de ustedes una bolsa de pan fresco\u201d. Con mi hermana nos miramos y terminamos llorando y riendo los tres. Mi hermana le dio las gracias. Nunca supimos, hasta ese momento, qui\u00e9n o qui\u00e9nes nos aportaron el pan cada ma\u00f1ana, pero lo recibimos siempre con un gesto de agradecimiento y sin preguntar.<\/p>\n<p data-parapraph=\"28\">En aquel tiempo cund\u00edan los rumores, aumentaba el n\u00famero de muertos y detenidos, crec\u00eda el temor. Yo hab\u00eda asumido un rol bastante pr\u00e1ctico en mi relaci\u00f3n con mi madre y mi hermana. Ellas lloraban por no saber qu\u00e9 estaba pasando con mi padre. Yo me encargaba de consolarlas, de buscar explicaciones razonables para el momento.<\/p>\n<p data-parapraph=\"29\">En el Tele dej\u00e1bamos nuestros paquetes y correspondencia y, de vez en cuando, nos entregaban cartas de mi padre. Ven\u00edan en sobres peque\u00f1os con un timbre de l\u00edneas rojas y gruesas con la palabra \u201ccensurada\u201d. Con mi hermana hab\u00edamos conservado esas cartas escondidas como un tesoro. \u00bfAcaso ese acto de conservarlas con el timbre rojo representaba una necesidad de que futuras generaciones conocieran ese salvaje momento hist\u00f3rico, en caso de no sobrevivirlo?<\/p>\n<p data-parapraph=\"30\"><strong>Jos\u00e9 Garrido<\/strong> estuvo detenido dos meses en el regimiento Telecomunicaciones en Iquique. Los interrogatorios y sesiones de torturas comenzaron desde el primer d\u00eda, pero no ten\u00eda la vista vendada. Entreg\u00f3 pocos detalles, pero admiti\u00f3 que entonces pudo reconocer los rostros y las voces de sus torturadores y el piso de tierra de la sala improvisada. En una ocasi\u00f3n record\u00f3 que uno de los oficiales le levant\u00f3 la capucha y le espet\u00f3: \u201cToma el rev\u00f3lver, si eres tan valiente, y te niegas a delatar a tus compa\u00f1eros comunistas. \u00a1Disp\u00e1rate en la cabeza!\u201d Jos\u00e9 tom\u00f3 el arma, apoy\u00f3 el ca\u00f1\u00f3n contra su sien y apret\u00f3 el gatillo. Le dijo al oficial: \u201c\u00bfPara qu\u00e9 me pasai esto? Dame una huev\u00e1 que sirva\u201d. La lluvia de patadas y pu\u00f1etazos sobre su cuerpo fue contundente.<\/p>\n<p data-parapraph=\"31\">Durante el primer mes Garrido escribi\u00f3 en una carta a su familia que estaba aprendiendo a jugar ajedrez. Cont\u00f3 que su primera movida fue pe\u00f3n cuatro rey. Su hijo le contest\u00f3 en la carta siguiente: pe\u00f3n cuatro rey.<\/p>\n<p data-parapraph=\"32\">Ese pen\u00faltimo viernes de diciembre de 1973, Nicol\u00e1s cumpl\u00eda 16 a\u00f1os. \u00c9l, su madre y su hermana hab\u00edan regresado del Tele. Las dos mujeres estaban afanadas en la cocina preparando algo especial para servir despu\u00e9s del rito diario. A punto de comenzar la lectura son\u00f3 el tel\u00e9fono con un timbre muy agudo. Nicol\u00e1s se levant\u00f3 para contestar.\u00a0Su emoci\u00f3n fue profunda al escuchar la voz de su padre.<\/p>\n<p data-parapraph=\"33\">Al d\u00eda siguiente, temprano en la ma\u00f1ana, los visit\u00f3 su abuelo. La madre les inform\u00f3 de la conversaci\u00f3n con Pepe, quien hab\u00eda dicho -sin rodeos- que Nicol\u00e1s deb\u00eda salir de la ciudad. Comenzaron a buscar inmediatamente las opciones de salida o de escape. Por tierra era imposible pues estaban controlando todos los veh\u00edculos que pasaban por los caminos de acceso a Iquique. Por mar, dijo el abuelo, los guardacostas han extremado los patrullajes, investigan a las embarcaciones de pescadores y goletas, y as\u00ed siguieron por un buen rato. El abuelo sali\u00f3, pero volvi\u00f3 durante la tarde con una propuesta. Dijo: \u201cMe consegu\u00ed unos pesos, lo vamos a enviar por avi\u00f3n a Santiago. Tenemos que comprarle ropa, peinarlo y perfumarlo para que salga como ni\u00f1ito pituco. Justo el 24 de diciembre, ese d\u00eda estar\u00e1n m\u00e1s distra\u00eddos los vigilantes. \u00bfQu\u00e9 les parece?\u201d<\/p>\n<p data-parapraph=\"34\">Javiera se entusiasm\u00f3 inmediatamente. Lola Javiera le agradeci\u00f3 al abuelo el esfuerzo de traer el dinero. En esa \u00e9poca los pasajes a\u00e9reos eran car\u00edsimos. Estaba claro que Nicol\u00e1s viajar\u00eda el lunes 24 a Santiago, sin fecha de retorno. Despu\u00e9s saldr\u00eda su hermana.<\/p>\n<p data-parapraph=\"35\">Nicol\u00e1s no pod\u00eda viajar sin despedirse de Mikel. A media ma\u00f1ana emprendi\u00f3 sus pasos hacia su hogar. La poblaci\u00f3n de casas militares estaba justo al frente del Tele y abarcaba varias cuadras hasta llegar a la esquina de su casa. No se ve\u00edan desde hace d\u00edas, quiz\u00e1s desde el mismo Golpe de Estado. Cuando lleg\u00f3 a la calle de su amigo, camin\u00f3 muy atemorizado mirando hacia adentro del regimiento. Sus piernas apenas le permit\u00edan una marcha recta.<\/p>\n<p data-parapraph=\"36\">\u00a0\u2500 \u00a1Al\u00f3!\u2026 \u00a1Mikel! Llam\u00f3 a la puerta varias veces y no hubo respuesta.<\/p>\n<p data-parapraph=\"37\">Despu\u00e9s de todo era bastante razonable que la t\u00eda <strong>Silvana<\/strong>, la madre de Mikel, protegiera su hogar ante el riesgo de su visita. Decidi\u00f3 irse r\u00e1pido, pero, al pasar por el patio lateral, escuch\u00f3 un susurro de Mikel, quien se asomaba por la puerta entreabierta.<\/p>\n<p data-parapraph=\"38\">\u00a0\u2013 En la casa me dicen que no puedes entrar \u2013dijo Mikel, avergonzado.<\/p>\n<p data-parapraph=\"39\">-Me tengo que ir de la ciudad, solo ven\u00eda a saludarte y desearte lo mejor- dijo Nicol\u00e1s. Chao, mi amigo.<\/p>\n<p data-parapraph=\"40\">Con tristeza, Mikel contest\u00f3 \u201cchao\u201d.<\/p>\n<p data-parapraph=\"41\">La tarde del d\u00eda anterior al viaje, poco antes del toque de queda, Mikel lo sorprendi\u00f3 en su casa. Ven\u00eda cansado, estaba muy emocionado. Le entreg\u00f3 una foto carnet de Mikel, escrita por el reverso: \u201cPara mi amigo\u201d. Se dieron un fuerte apret\u00f3n de manos y Mikel parti\u00f3 corriendo.<\/p>\n<p data-parapraph=\"42\">Con la llegada de la dictadura hab\u00eda quedado interrumpido el entrenamiento de la selecci\u00f3n juvenil de futbol de Iquique. Nunca m\u00e1s los muchachos fueron citados. Tampoco volvi\u00f3 a aparecer por el colegio el entrenador de la selecci\u00f3n, el profesor <strong>D\u00e1vila<\/strong>, que adem\u00e1s hab\u00eda sido su profesor de educaci\u00f3n f\u00edsica en el Don Bosco. Al parecer, ese a\u00f1o reemplazaba al profesor titular. Durante mayo o junio de 1973, le hab\u00eda preguntado si Nicol\u00e1s deseaba entrenar con el seleccionado. Era necesario entrenar en <strong>Cavancha <\/strong>dos veces a la semana y un d\u00eda del fin de semana. Nicol\u00e1s acept\u00f3 de inmediato. El primer d\u00eda de entrenamiento le dijo que fuera hasta su casa. \u00c9l lo llevar\u00eda para que supiera c\u00f3mo llegar a la cancha y darle algunas indicaciones. Anot\u00f3 su direcci\u00f3n en el cuaderno. Fue una hermosa noticia. A sus quince a\u00f1os, era un joven flaco, bajo, de piernas r\u00e1pidas y \u00e1gil. Pero era consciente de que su apariencia insignificante no calzaba con sus habilidades. Deb\u00edan verlo jugar para descubrir su calidad, y el profesor D\u00e1vila lo hab\u00eda hecho. Supo de la raz\u00f3n de su ausencia del entrenamiento cuando por la radio en un bando militar escuch\u00f3 el nombre de su entrenador. Aparec\u00eda entre aquellos que estaban siendo buscados y deb\u00edan presentarse ante las autoridades. Despu\u00e9s de ese \u00faltimo llamado se propuso ir a la casa de su profesor. Sab\u00eda que no ser\u00eda f\u00e1cil hablar con \u00e9l. Despu\u00e9s de golpear la puerta sali\u00f3 su madre, una mujer alica\u00edda, de baja estatura, mirada apagada. Pregunt\u00f3 por su profesor. Le dijo que no estaba. Le consult\u00f3 si sab\u00eda la hora en que \u00e9l regresar\u00eda.<\/p>\n<p data-parapraph=\"43\">\u00a0\u2013 No lo s\u00e9 \u2013 contest\u00f3.<\/p>\n<p data-parapraph=\"44\">\u00a0Nicol\u00e1s regres\u00f3 en la tarde y al d\u00eda siguiente. La madre le dijo: \u201cHijo, no vuelva a buscarlo, \u00e9l est\u00e1 con problemas\u201d.<\/p>\n<p data-parapraph=\"45\">-Ya lo s\u00e9- dijo Nicol\u00e1s. Lo escuch\u00e9 en la radio. A mi padre ya lo arrestaron y yo debo irme urgentemente de la ciudad. Solo deseo que \u00e9l me d\u00e9 una carta en que deje constancia que yo integraba la selecci\u00f3n de Iquique. Me gustar\u00eda presentarla en Santiago en el club <strong>Colo-Colo<\/strong>.<\/p>\n<p data-parapraph=\"46\">La se\u00f1ora lo mir\u00f3 en silencio. No esperaba que le dijera eso. Baj\u00f3 la cabeza, respir\u00f3 profundo y le dijo, con un suspiro: \u201cVer\u00e9 que hago\u201d.<\/p>\n<p data-parapraph=\"47\">\u00a0Al d\u00eda siguiente regres\u00f3 en la tarde. La se\u00f1ora ten\u00eda en la mano una carta manuscrita con la firma del profesor. Le dijo: \u201cTu profesor dice que te cuides, que debes llegar lejos.\u201d<\/p>\n<p data-parapraph=\"48\">-Gracias- le dijo Nicol\u00e1s. Y emprendi\u00f3 el camino a casa, con su trofeo en la mano.<\/p>\n<p data-parapraph=\"49\">En las \u00faltimas horas de preparaci\u00f3n del viaje, su hermana y \u00e9l se rieron con ganas al intentar rizar el pelo liso de Nicol\u00e1s y cort\u00e1rselo. Luego lleg\u00f3 su madre con un par de pantalones, camisa y zapatos negros que, si bien parec\u00edan nuevos, le quedaban muy apretados.\u00a0 Convinieron que Lola Javiera le avisar\u00eda a su madrina para que fuera a buscarlo al aeropuerto de <strong>Cerrillos <\/strong>en la capital. Al terminal de Iquique llegaron su madre y su padrino, quien vest\u00eda un terno gris claro. Se ve\u00eda muy bien, nunca lo hab\u00eda visto sin su ropa de pescador. Ella se hab\u00eda hecho un peinado como de revista de moda. Le pidi\u00f3 a la ejecutiva de la l\u00ednea a\u00e9rea que encargara a Nicol\u00e1s, menor de edad, a la azafata. Cuando pas\u00f3 el \u00faltimo control antes de embarcar, al lado de las funcionarias de la l\u00ednea a\u00e9rea hab\u00eda dos militares que se alternaban mirando unas carpetas. La azafata se encarg\u00f3 r\u00e1pidamente de tranquilizar a Nicol\u00e1s y se esmer\u00f3 en servirle comida, dulces y jugos. Lo trat\u00f3 con amabilidad despu\u00e9s de aterrizar en Santiago y lo llev\u00f3 de la mano hasta la salida, pasando por delante de militares y civiles que custodiaban la entrada. Esper\u00f3 que el muchacho reconociera a su madrina, quien estaba con su familia.<\/p>\n<p data-parapraph=\"50\">La madrina, pese a ser una mujer de derecha, abrir\u00eda no solo las puertas de su hogar sino tambi\u00e9n su gran coraz\u00f3n. Les brindar\u00eda su apoyo econ\u00f3mico y su tiempo. En febrero de 1974 llegar\u00eda Javiera y ambos ser\u00edan matriculados en los liceos. Las clases comenzaron en marzo.<\/p>\n<p data-parapraph=\"51\">En esa misma \u00e9poca Nicol\u00e1s fue al estadio Colo-Colo y se present\u00f3 ante el t\u00e9cnico de los juveniles.<\/p>\n<p data-parapraph=\"52\">\u2013 No estamos probando nuevos jugadores hasta septiembre- le advirti\u00f3 el t\u00e9cnico. Ven en esa fecha.<\/p>\n<p data-parapraph=\"53\">Nicol\u00e1s hab\u00eda pedaleado en una bicicleta prestada durante al menos un par de horas, bajo la lluvia.<\/p>\n<p data-parapraph=\"54\">-Disc\u00falpeme -le dijo. -Vengo llegando de Iquique hace poco, solo quer\u00eda mostrarle esta carta.<\/p>\n<p data-parapraph=\"55\">El t\u00e9cnico la recibi\u00f3, la ley\u00f3 en silencio. Se alej\u00f3 a conversar con otro entrenador. Despu\u00e9s de un largo rato regres\u00f3 y le pregunt\u00f3 si pod\u00eda venir ma\u00f1ana, a las cinco de la tarde con equipo y zapatos de f\u00fatbol.<\/p>\n<p data-parapraph=\"56\">-Te vamos a mirar c\u00f3mo juegas -le dijo.<\/p>\n<p data-parapraph=\"57\">A la hora se\u00f1alada Nicol\u00e1s estaba listo y vestido. Se armaron dos equipos de nueve jugadores. Hab\u00edan quedado cinco o seis esperando afuera de la cancha. Los entrenadores observaban y daban instrucciones. De pronto el t\u00e9cnico lo llam\u00f3:<\/p>\n<p data-parapraph=\"58\">\u00a0\u2013 \u00bfD\u00f3nde te gustar\u00eda jugar?<\/p>\n<p data-parapraph=\"59\">\u00a0-Como delantero por la izquierda -contest\u00f3.<\/p>\n<p data-parapraph=\"60\">El t\u00e9cnico hizo algunos cambios y le dijo: \u201cVas a jugar como puntero izquierdo\u201d. En un momento detuvo el partido, lo llam\u00f3 y le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 te est\u00e1s resbalando tanto? A ver, mu\u00e9strame tus zapatos\u201d. Despu\u00e9s de mirarlos dijo: \u201c\u00a1Ah! \u00bfen Iquique no juegan en pasto? Est\u00e1s usando zapatos con puentes, deben ser con toperoles\u201c.<\/p>\n<p data-parapraph=\"61\">Trajeron, sin demora, varios con toperoles. Era la primera vez que Nicol\u00e1s los ve\u00eda. A poco de seguir se coordinaron con el centro delantero y salieron buenas jugadas.<\/p>\n<p data-parapraph=\"62\">\u2013 Est\u00e1s dentro de los 22- dijo el entrenador.<\/p>\n<p data-parapraph=\"63\">\u00a0El futbol fue para Nicol\u00e1s su fuente de salud y valor en ese per\u00edodo reci\u00e9n llegado a la capital. No le dur\u00f3 m\u00e1s que dos o tres meses: no soport\u00f3 el rigor de cumplir con las exigencias de horarios. Adem\u00e1s, no ten\u00eda c\u00f3mo llegar los fines de semana a las canchas de Cerrillos. Pero sobre todo le era muy dif\u00edcil conciliar los rigores del f\u00fatbol y la escuela con la enorme tristeza diaria que lo envolv\u00eda. Un domingo, despu\u00e9s de mucho pensarlo, le avis\u00f3 al t\u00e9cnico que no volver\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<p data-parapraph=\"64\">Su madre lleg\u00f3 a Santiago un atardecer de mayo. Lola Javiera estaba en casa de la madrina cuando sus hijos llegaron del liceo. Luc\u00eda un peinado vaporoso, rojizo oscuro, un vestido de seda a media pierna, verde y rojo, con un delgado cintur\u00f3n que marcaba su cintura. De rostro claro, ojos peque\u00f1os y almendrados, su mirada curiosa. Era una enfermera que atra\u00eda la mirada de mujeres y hombres. Como mujer del desierto, de templanza, con su actitud positiva, abraz\u00f3 y bes\u00f3 a sus hijos, y los areng\u00f3. \u201cEsto reci\u00e9n comienza, el camino es largo, no derrotar\u00e1n nuestros planes familiares. El pap\u00e1, con su ejemplo y su amor, nos apoyar\u00e1 y guiar\u00e1 hacia el triunfo. As\u00ed que \u00a1arriba el \u00e1nimo!\u201c.<\/p>\n<p data-parapraph=\"65\">-De acuerdo mam\u00e1 -dijeron Nicol\u00e1s y Javiera.<\/p>\n<p data-parapraph=\"66\">La lluvia acompa\u00f1aba el fr\u00edo, reflejaba el color de las hojas secas en el suelo. Ese y muchos otros oto\u00f1os siguientes se transformaron en la sinfon\u00eda que mejor acompa\u00f1aba su soledad. No hab\u00eda noticias de su padre desde aquella llamada telef\u00f3nica, antes que lo llevaran a Pisagua. Los rumores y el correo de las brujas a\u00fan funcionaban con eficacia, pese a que las noticias daban cuenta de hechos cada vez m\u00e1s crueles.<\/p>\n<p data-parapraph=\"67\">Una semana despu\u00e9s lleg\u00f3 un cami\u00f3n de embalaje a la casa de la madrina, con todos los muebles de la casa en Iquique. Pr\u00e1cticamente, toda la carga fue acomodada en el patio. Llegaron con el embalaje la bicimoto <strong>Lambretta <\/strong>que usaba mi padre y a veces, lo acompa\u00f1aba su mujer. Tambi\u00e9n aterriz\u00f3 la mascota Lola, un hermoso p\u00e1jaro caribe\u00f1o multicolor, y la gata que ven\u00eda escondida, y que apareci\u00f3 muy flaca a la semana siguiente.<\/p>\n<p data-parapraph=\"68\">\u00c9ramos unos allegados con destino incierto. Nicol\u00e1s ten\u00eda presente la promesa hecha a su padre: deb\u00eda estudiar y cuidar a su madre y hermana. Ese primer invierno en la capital no pod\u00eda recordarlo sin sentir ese fr\u00edo h\u00famedo que no ced\u00eda por m\u00e1s ropa que se pusiera encima. En 1974 deambul\u00f3, entre atontado y ausente por las aulas del <strong>Liceo San Agust\u00edn<\/strong> de <strong>\u00d1u\u00f1oa<\/strong>. No alcanz\u00f3 a conocer a m\u00e1s de un pu\u00f1ado de compa\u00f1eros de curso. En septiembre de ese a\u00f1o, la t\u00eda <strong>Emi<\/strong>, hermana de Pepe, hizo una llamada que no habr\u00eda querido hacer nunca: con la voz quebrada les cont\u00f3 a Lola Javiera y sus hijos de la muerte del abuelo. La t\u00eda Emi hizo las gestiones para que le informaran a Pepe de la muerte de su padre y solicit\u00f3 que lo dejaran bajar de Pisagua para el funeral. No se le permiti\u00f3.<\/p>\n<p data-parapraph=\"69\">Pap\u00e1, durante 41 a\u00f1os, me fuiste contando en fragmentos tu trance como prisionero pol\u00edtico. En los primeros d\u00edas y semanas desde que llegaste a Santiago, con mi madre y hermana, nos fuimos dando cuenta de ciertas omisiones en tu relato y tu mirada perdida en el horizonte cuando convers\u00e1bamos. Yo quer\u00eda que me hablaras de lo que te ocurri\u00f3 all\u00e1 adentro, pero comprend\u00ed y respet\u00e9 tus silencios. En tus \u00faltimos diez a\u00f1os, cuando me acompa\u00f1abas en mis viajes de trabajo, tus recuerdos brotaban de manera m\u00e1s fluida. Estoy consciente de que no compartiste muchos episodios. Pero no doblegaron tu salud y alegr\u00eda. Ni el rencor ni la venganza ocuparon tu presente. Cuando deseabas hablar nos sent\u00e1bamos y comenzabas a recordar hechos y personajes. Poco a poco, regresabas a las sesiones de castigo, te amarraban con alambres a la parrilla el\u00e9ctrica, te instalaban electrodos en el pene, en el ano, en las tetillas. Los golpes el\u00e9ctricos eran tan dolorosos que varias veces te despertaste mojado, estirado en el piso de la celda, rodeado de tus compa\u00f1eros. Recordaste cuando te lanzaban, dentro de barriles de 200 litros, desde la cumbre de los cerros de Pisagua. Sol\u00edas marearte, vomitabas, a veces quedabas inconsciente y medio atontado segu\u00edas rodando cerro abajo. En otras ocasiones cerrabas los ojos para relatar el traslado hacia el pared\u00f3n, atado de manos y un capuch\u00f3n en la cabeza. Escuchabas el rito de muerte de tus verdugos, con la explosi\u00f3n de disparos simult\u00e1neos. Eran simulacros de fusilamiento. Con la vista tapada te hac\u00edan caminar, d\u00e1ndote instrucciones hasta hacerte caer escaleras abajo debajo de la c\u00e1rcel de Pisagua. O te hac\u00edan correr hasta chocar de cabeza con un muro. Fue un a\u00f1o interminable que marc\u00f3 tu existencia y la de tu familia por el resto de tu vida.<\/p>\n<p data-parapraph=\"70\">Con el tiempo supimos que los prisioneros en Pisagua hab\u00edan armado y escondido una radio a trav\u00e9s de la cual escuchaban un programa \u2013<em>Escucha Chile<\/em>\u2013 en onda corta de la radio <strong>Mosc\u00fa<\/strong>. Entre otras cosas, se enteraban de los obituarios. Por esa v\u00eda Pepe se inform\u00f3 de la muerte de su padre. Junto a los compa\u00f1eros m\u00e1s cercanos hicieron un c\u00edrculo: en el centro, sobre una piedra, colocaron la medalla de alpaca con forma de coraz\u00f3n que Pepe hab\u00eda fabricado para su padre. Se sentaron. Pepe les confes\u00f3: \u201cSiento tristeza, no solo por no haberme despedido de mi padre. Por la maldad y ego\u00edsmo de aquellas personas, nosotros debemos pasar por esta experiencia\u201d. Pepe rez\u00f3, varios lo acompa\u00f1aron, otros guardaron silencio. Levant\u00f3 sus hombros y dej\u00f3 escapar un suspiro. Su padre ya descansaba. Uno a uno se acercaron para abrazarlo.<\/p>\n<p data-parapraph=\"71\">En octubre de 1974 Pepe fue liberado de Pisagua. Su mujer viaj\u00f3 a recibirlo una vez que una colega suya le avisara que el grupo llegar\u00eda a la entrada de Iquique. El cometido se hab\u00eda logrado. A los pocos d\u00edas ambos llegaron a Santiago. Pepe luc\u00eda flaco, alica\u00eddo. Lola Javiera y Javiera lloraron. Pepe dijo: \u201cYa estoy ac\u00e1, todo va a estar mejor\u201d. Les esperaban nuevos desaf\u00edos.<\/p>\n<p data-parapraph=\"72\">Veinte a\u00f1os despu\u00e9s Nicol\u00e1s visit\u00f3 a su t\u00edo Manu, ya retirado del Ej\u00e9rcito. Estaba muy emocionado y agradecido de su visita. Mikel, su hijo, los dej\u00f3 solos. Se sirvieron un vaso de vino. Manu, muy parsimonioso, dijo:<\/p>\n<p data-parapraph=\"73\">\u2013 Hijo, hice lo que pude por mi compadre. Intent\u00e9 pedirle a mi superior que liberara a mi hermano Mikel y a Pepe. Me contest\u00f3 que deb\u00eda elegir a uno de ellos. Tuve que optar por mi hermano de sangre. Perd\u00f3name.<\/p>\n<p data-parapraph=\"74\">Nicol\u00e1s agradeci\u00f3 sus palabras. Rescataba la intenci\u00f3n de Manu al procurar que un soldado accediera a que Pepe pudiera hacer la \u00faltima llamada a su familia antes de salir a Pisagua.<\/p>\n<p data-parapraph=\"75\">Padre, no te puedo decir que el Golpe de Estado arruin\u00f3 mi vida. No fue as\u00ed. Pero s\u00ed te puedo decir, pap\u00e1, que por mucho tiempo viv\u00ed asustado. El Golpe desgarr\u00f3 mi coraz\u00f3n adolescente, me colm\u00f3 tanto de ira como de ansias de venganza por el dolor que te causaron, por la armon\u00eda familiar que nos arrebataron. Me quedo con tu alegr\u00eda de vivir, con tu ejemplo insistente por dejar un mundo mejor.<\/p>\n<p data-parapraph=\"76\">En Santiago, Pepe cambi\u00f3 su nombre por temor a ser nuevamente detenido. Reanud\u00f3 su vida en esta nueva ciudad. En 1984 le cont\u00f3 a Nicol\u00e1s que fue secuestrado por agentes de la <strong>Central Nacional de Inteligencia<\/strong> -la <strong>CNI<\/strong>\u2013 y por algunas horas permaneci\u00f3 en un autom\u00f3vil. Lo golpearon y amenazaron, indic\u00e1ndole: \u201cDebes advertir a Nicol\u00e1s que no se meta en cosas pol\u00edticas\u201d. Antes de liberarlo le hicieron saber que sab\u00edan de su cambio de nombre. En los a\u00f1os siguientes, Pepe trabajar\u00eda junto a Lola Javiera para mantener a sus hijos. Con un c\u00e1ncer avanzado, en sus \u00faltimos d\u00edas, ante la pregunta de una sobrina en una reuni\u00f3n familiar se refiri\u00f3, por primera vez en p\u00fablico, a su experiencia en los campos de concentraci\u00f3n del Tele y Pisagua.<\/p>\n<p data-parapraph=\"77\">-Yo he hecho dos cosas importantes en mi vida -dijo. Luchar por lograr un mundo mejor para todos. Y, en segundo lugar, educar a mis hijos.<\/p>\n<p data-parapraph=\"78\">Pepe muri\u00f3 en su hogar en Santiago de Chile, rodeado de su familia, el 25 de febrero de 2014. Ten\u00eda 85 a\u00f1os.<\/p>\n<p data-parapraph=\"79\">Por <strong>Renato Garrido<\/strong><\/p>\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n<h4 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-sigue-leyendo\"><em><strong>Sigue leyendo:<\/strong><\/em><\/h4>\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-el-ciudadano wp-block-embed-el-ciudadano\"\/>\n<\/div>\n<p><script async defer crossorigin=\"anonymous\" src=\"https:\/\/connect.facebook.net\/en_US\/sdk.js#xfbml=1&#038;version=v14.0&#038;appId=91647977268&#038;autoLogAppEvents=1\" nonce=\"oICed85h\" type=\"3cf52bf4cc2548b8873b027b-text\/javascript\"><\/script><br \/>\n<br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Renato Garrido Era diciembre de 1973. Son\u00f3 el tel\u00e9fono, muy fuerte. Hac\u00eda muchos d\u00edas que no sonaba, desde que te detuvieron los milicos, \u00bfte acuerdas, pap\u00e1? 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