La identidad de la costa central chilena ha recibido un reconocimiento histórico en el Palacio de La Moneda. El sábado 31 de enero, en una emotiva ceremonia que celebró la diversidad de los saberes tradicionales de todo el país, las Bordadoras de Isla Negra formalizaron su ingreso al Registro de Patrimonio Cultural Inmaterial de Chile, consolidando un oficio que durante más de seis décadas ha transformado la lana en un relato vivo de la vida campesina y el litoral.
El encuentro, presidido por la ministra de las Culturas, Carolina Arredondo, y la directora del Servicio Nacional del Patrimonio, Nélida Pozo, no fue solo un acto protocolar, sino un espacio de encuentro para comunidades que viajaron desde las caletas del norte hasta los confines australes. En este contexto, la delegación de Isla Negra, integrada por figuras clave como María Moyano y Brígida Sánchez, destacó como un símbolo de resistencia cultural y de la importancia de la mujer en la transmisión de conocimientos.
Una técnica sencilla cargada de historia

Lo que hace única a esta agrupación es la persistencia de una técnica que nació en 1960 y que hoy ya alcanza a su cuarta generación. Lejos de las complicaciones técnicas del bordado tradicional, estas mujeres han perfeccionado el «punto para atrás», utilizando lanas de colores vibrantes y una iconografía que ignora la perspectiva para enfocarse en la emoción y la memoria del entorno. Es un arte que se aprende observando a las abuelas y madres, donde cada puntada es un eslabón entre el pasado y el futuro de la comunidad.
Durante la ceremonia, Teresa Muñoz, una de las representantes de la agrupación, emocionó a los asistentes al definir este reconocimiento como un acto de justicia. Para las bordadoras, su labor no es una reliquia estática, sino una práctica vibrante que requiere paciencia y que transforma los saberes ancestrales en una herencia compartida por todo el país.
Identidad regional con proyección nacional

Desde la Región de Valparaíso, las autoridades locales subrayaron que este hito protege un testimonio sensible de la historia territorial. Según Javier Esnaola, seremi de las Culturas, el oficio de las bordadoras es una manifestación identitaria que hoy reafirma su papel fundamental en el mapa cultural de Chile, asegurando que su legado no se pierda en el tiempo.
Junto a la distinción otorgada a Isla Negra, la jornada también puso en valor otras prácticas fundamentales como el ahumado de ají en Palmilla, la cestería de Roblería y el trabajo de las Bordadoras del Baker en Aysén, además de reconocer a nuevos Tesoros Humanos Vivos. En conjunto, estos ingresos al registro nacional aseguran que la diversidad de Chile continúe siendo el motor de su desarrollo cultural y social.
Fuente: Cultura.gob.cl.
Imágenes: @eduhidalgoph.
Gracias.


