El pasado domingo concluyó la cumbre del G20 en Johannesburgo, donde se adoptó una declaración conjunta que promueve el multilateralismo, a pesar de la ausencia de un representante de Estados Unidos y las críticas de Argentina, que estuvo representada por su ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno.
La presidencia sudafricana del G20 sorprendió al anunciar que los líderes presentes en el Centro de Exposiciones Nasrec acordaron la Declaración de Johannesburgo al inicio de la cumbre, rompiendo con la tradición de presentar este documento al final del evento. Este cambio se produjo tras semanas de intensas negociaciones, en las que EE.UU. intentó evitar que se llegara a un acuerdo en su ausencia.
El texto, que consta de treinta páginas, fue aprobado por una “abrumadora mayoría”, según la presidencia sudafricana, y aboga por la cooperación multilateral. Incluye resoluciones sobre cambio climático, minerales críticos, sostenibilidad de la deuda y un compromiso para trabajar por la paz en conflictos, en línea con la Carta de la ONU.
Sin embargo, la postura de Argentina fue discordante. Pablo Quirno expresó que su país “no puede” respaldar la declaración debido a “discrepancias” con el documento, señalando que este aborda una “única dimensión de un territorio específico” en referencia a la mención de “Territorios Palestinos Ocupados” en el contexto del conflicto israelí-palestino. Quirno argumentó que esto ignora el contexto regional más amplio y las causas estructurales de la disputa.
A pesar de la oposición argentina, el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, destacó que la adopción de la declaración envía una “importante señal al mundo de que el multilateralismo puede dar y da resultados”.
El canal de noticias sudafricano News24 calificó la estrategia de Ramaphosa para presentar el texto al inicio de la cumbre como un “golpe maestro táctico”. El periodista Peter Fabricius, del diario Daily Maverick, comentó que este movimiento fue un “ataque preventivo” para evitar que disidentes, especialmente los argentinos, intentaran cuestionar lo acordado.
Fabricius también sugirió que Argentina actuó como un “títere de Estados Unidos” y que, en un contexto donde el multilateralismo está amenazado, el simple hecho de mantenerse firme es un logro.
El exdiplomático estadounidense J. Brooks Spector observó que la forma en que se presentó la declaración fue inusual, indicando que todos los argumentos y discusiones habían sido negociados previamente, lo que dejó poco margen para el desacuerdo, salvo por la representación argentina.
Spector también destacó la especificidad de la declaración, que contiene detalles que podrían generar discusiones internas en los países y en el diálogo internacional.
La cumbre del G20 en Sudáfrica fue la primera de este tipo celebrada en el continente africano, y Ramaphosa enfatizó el compromiso del país con la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad.
Tras la cumbre, Sudáfrica cederá la presidencia del G20 a Estados Unidos el próximo 1 de diciembre, aunque la ceremonia de traspaso no se realizó durante la cumbre, debido a que el funcionario designado por Washington para recoger el testigo es un encargado de negocios de bajo rango. El ministro sudafricano de Relaciones Internacionales, Ronald Lamola, subrayó que el presidente Ramaphosa no puede entregar el poder a un encargado de negocios en un evento de tal magnitud.


